HPG

Fuerzas de defensa del pueblo de Kurdistán

«El socialismo pasa por la liberación de la mujer». ¿Cuántas veces habremos oído y leído cada uno de nosotros estas palabras del Liderazgo? Repetimos constantemente en nuestra vida esta verdad enunciada como una realidad que ninguno de nosotros discute y cuya certeza conocemos.

Sin embargo, una verdad no cobra vida solo porque se diga; únicamente cobra vida cuando se lleva a la práctica y se vive. La vida es un devenir que fluye en el tiempo, y el tiempo existe dentro de ese devenir. Entonces, tu vida son todos los estados de devenir que incorporas en ella. La sociología es la forma de relación que estableces al reunirte con el otro, una necesidad de la existencia que, en ese estado de devenir, te aporta conciencia, comprensión, forma, conducta y movimiento. Ya existes; se ha formado una realidad que te expresa. Y el primer estado de ese devenir es la realidad en la que naces, fundada en la conciencia de poder sostener la vida. Lo que hace del ser humano un ser social es cómo ha de vivir el ser humano eso que se llama vida. Al socializarse y apoyarse en los pilares vitales fundamentales de esta forma social, la humanidad fundamenta la sociología de la organización socialista en la esencia humana que existe en sí y por sí. El comienzo más prolongado de la humanidad fue la organización comunal. Así como en la existencia humana está presente el ser individuo, la comprensión de la vida comienza con ser individuo. El conocimiento que el individuo tiene de sí mismo proviene de apoyarse tanto en la naturaleza en la que nació como en la madre que le dio a luz. El saber comienza por reconocer la naturaleza en la que naciste. Es decir, comienza por conocer y aprender la naturaleza social de la madre en cuyo seno abriste los ojos. Empiezas a saber en ti que la vitalidad de la naturaleza y de la madre es la vitalidad de la vida. Existes, estás vivo, vives, y cómo vivir y qué hace falta para hacerlo se convierten en tu búsqueda de sentido. El respeto que sientes por esta vitalidad y esta vida, y el sentido que le das y le darás, se convierten en tu manera de acercarte a la vida que te dio a luz y te hizo existir. Eres una prolongación de la naturaleza; no surgiste por ti mismo ni espontáneamente. Tuviste una causa primera y de ella viniste a la existencia. Cada uno de nosotros llegó a existir a partir del ser de una mujer, de una madre. En el primer comienzo, la mujer-madre era quien creaba y daba vida, pero en un período en el que la historia comenzó con la escritura, se apoderaron de su libertad y de su cuerpo. ¿Cómo y hasta qué punto puede ser libre el ser o los seres que un ser no libre crea a partir de sí mismo, es decir, de su cuerpo? Los nueve meses correspondientes a las etapas que vive el feto en el vientre materno se comparan con las fases de formación de nuestro universo. También puede observarse que, después de nacer y hasta que se aleja de los cuidados maternos, el niño lleva en sí toda la esencia de las primeras etapas de la humanidad. Cuando al nacer se corta el cordón umbilical que une al niño con la madre, el hecho de que siga dependiendo de sus cuidados, amor y educación ha conseguido preservarse en todo tiempo y época como una esencia que no desaparece de la verdad de que el ser humano es un ser social. Aunque a cierta edad el niño empieza a dejar de depender de la madre, su existencia procede de ella. Es nuestra madre quien nos socializa, alimenta, educa y cría. Aprendemos la verdad social de aquella primera esencia. El niño quiere saber, aprender, reconocer y probar. Quiere ensayar y aplicar lo que ha aprendido, adquirido y tratado de conocer. Antes de chocar con las fronteras del Estado, el estado inicial del niño —puro, limpio, sencillo y honesto, con su confianza, sus preferencias, su curiosidad y su desarrollo— está adornado con la vida socialista de la sociedad comunal primigenia de la madre, a la que llamamos sociedad natural. Aunque la sociedad en la que la madre cría a su hijo dentro de las fronteras actuales del Estado-nación esté construida sobre su propia esclavitud, alberga en su seno los magníficos procesos acumulados de los valores sociales fundamentales que aún existen. Cuando el niño empieza a salir del mundo limitado a la madre y, al conocer la situación de esta y la sociedad en la que vive, se acumulan sus contradicciones, se multiplican sus preguntas, se restringen sus libertades, aumentan sus temores y afronta ya otra forma de crianza por parte de la madre. La madre empieza a incorporar un individuo más a una sociedad en la que ella misma no es libre y a su sistema dominante, opresivo, sexista, nacionalista, egoísta e individualista. Igual que aquí se quiebra la historia de cada uno de nosotros, aquí se quiebra también la historia del mundo. Nos encontramos ante la realidad de una mujer que ni siquiera es consciente de que la sociedad a la que incorpora a su hijo es una sociedad que le ha sido arrebatada. Como se le ha hecho creer, y sigue creyendo, que esta sociedad en la que cría a su hijo es la única realidad que conoce y que ha sido así desde la eternidad hasta la eternidad, intenta convencer de ello también a su hijo. No obstante, en la cultura de la sociedad maternal que formó la primera socialización, la esencia que no se ha separado por completo de lo que creó esta cultura, aunque solo quede un veinticinco por ciento, se preserva mediante el vínculo natural que establece entre madre e hijo durante la primera etapa de crianza. La primera célula madre procedente de la sociedad comunal muestra, en la dialéctica madre-hijo, que lo existente no desaparece y que lo inexistente no puede llegar a existir. El Liderazgo tomó conciencia de ello ya en la infancia. Y para crear esa conciencia también en nosotros, ha relatado constantemente en sus análisis su propia infancia y las contradicciones que vivió con su madre. Ya en la niñez vio como contradicción fundamental la realidad de que, si la sociedad de una nación no es libre, la mujer que hay en ella ha sido perdida, trastocada y despojada de su ser propio. Organizó y construyó el PKK, del que fue fundador para la lucha de liberación nacional del pueblo kurdo, sobre la base de esta mentalidad fundamental. Al dar el primer paso hacia el problema de libertad de los kurdos, un pueblo con un problema de libertad nacional, el Liderazgo sintió desde la infancia que la contradicción histórica fundamental del problema de libertad de una nación, una sociedad, una cultura o unas identidades se había convertido en problema con la esclavización de la mujer. Analizó que la libertad del pueblo kurdo pasa por la libertad de la mujer, que el problema de la libertad es más profundo que los problemas de la igualdad y la justicia, que la libertad de las sociedades se logrará mediante la liberación de la mujer y que esto solo puede producirse mediante la unión de la sociología y el socialismo. Como tesis histórica dentro del paradigma de la sociedad democrática, expuso que la esclavización de la mujer y la sociedad estatal de la jerarquía de castas tejida en torno a esa esclavización se produjeron como resultado de la usurpación de la vida socialista, es decir, de los valores de la sociedad comunal. La sociología y el socialismo, entrelazados a lo largo de la historia social, han sido alejados entre sí todo lo posible por el paradigma del Estado-nación de la modernidad capitalista.

¿Cuál es la relación entre sociología y socialismo? ¿Por qué el socialismo es la sociología más acertada? Responder correctamente, o intentar responder correctamente, a estas preguntas nos permitirá comprender y aplicar mejor el proceso de sociedad democrática en el que nos encontramos. El ser humano es un ser social. La pregunta de por qué el ser humano es social puede abordarse desde varios ángulos. ¿Se socializó el ser humano porque es débil en comparación con otras especies de la naturaleza, por las condiciones necesarias para sobrevivir o porque su estructura biológica hace que eso sea lo natural y necesario? ¿O son estas opiniones y otras más igualmente válidas para explicar la socialización? La organización social sociológica del ser humano y sus relaciones a través de los valores culturales han dado forma a la vida. En este sentido, el socialismo desempeña un papel importante en el nacimiento de la sociología y es lo que debe ser. La primera organización humana fue una organización comunal democrática y socialista, es decir, ética y política. El mundo de sentido que hace humano al ser humano se organizó de manera socialista. El intercambio y la relación que establece con el otro, la voluntad de continuidad y de sostener la vida presente en todos los seres, son existenciales. Ser parte de la naturaleza, el vínculo que procede de ella y la conciencia intrínseca de libertad cobraron fuerza mediante la socialización. La producción y el intercambio conjuntos, así como la división del trabajo y las tareas, generaron una forma de organización surgida de la producción colectiva y el reparto colectivo; sobre la base de decisiones comunes, revelaron un estilo de administración encaminado a aplicar lo mejor, lo más viable y lo más posible. Esta tendencia de la división del trabajo y las tareas, basada en la capacidad, fuerza, habilidad y asunción de responsabilidades de cada persona, se fundamenta en que las capacidades y destrezas de los individuos embellezcan y desarrollen la vida. No existe una situación como el desempleo, la impotencia, la falta de aptitudes o la negativa a actuar. La concepción de la economía, la política y la administración se basa en la armonía con la naturaleza y en una mentalidad de vida común. Como el socialismo democrático del ser humano social es la sociología histórica más prolongada de la sociedad, se convirtió en la primera causa de la modernidad de cada época a medida que estas cambiaban por herencia. Con la transición de la estructura de castas a la sociedad estatal, los gobernantes aristocráticos, constructores de una mentalidad basada en las castas, imponen como sociología, mediante el poder divino que es su ideología eterna, un elitismo de poder situado por encima de la sociedad. Desde aquel día hasta hoy, esta sociología se ha infiltrado en toda la acumulación de valores de la sociedad y ha adoptado numerosas formas, ensanchando la distancia entre socialismo y sociología. En definitiva, los primeros valores de la sociedad y la sociología fundamental son los pilares de la modernidad democrática.

En cada época surgen distintas propuestas de solución para los problemas de la sociedad. Algunas soluciones se basan en valores determinados, mientras otras se orientan hacia nuevos valores y concepciones. La modernidad de cada época contiene las dinámicas sociológicas que determinan cómo se organizan las sociedades, cómo se relacionan las personas entre sí, la importancia de los valores y las conductas sociales. Estas dinámicas contribuyen a la aparición de la modernidad. En la modernidad que surge oculta dentro de la dinámica social, el capital capitalista otorga un papel importante a la propiedad privada, el beneficio individual y la competencia. En particular, la autoridad central del Estado-nación se utiliza para controlar la economía. En la modernidad capitalista, la autoridad del Estado se fortalece y el concepto de Estado-nación se vuelve más marcado. La ideología atribuida a este concepto se presenta en primer plano mediante énfasis en la libertad, la igualdad y la justicia. Se subraya la individualidad y se anima a las personas a obtener oportunidades económicas. Mientras la autoridad central del Estado-nación se transforma en una estructura más fuerte dentro de la modernidad capitalista, aumenta todavía más el énfasis en la individualidad. Esta individualidad debilita las relaciones dentro de la sociedad y reduce o elimina la sociabilidad. En ninguna época un énfasis en una libertad separada de la libertad misma creó una autoridad central tan poderosa como el Estado-nación de la modernidad capitalista. Mientras las estructuras aristocráticas de castas manipulaban antaño las dinámicas sociales mediante el poder divino, en la modernidad capitalista el Estado-nación convierte a la sociedad en esclavos voluntarios a través de su manipulación ideológica. Al principio, las dinastías de castas que crearon el Estado mediante el poder divino sobre las creaciones de la sociología comunal capitalizaron la tendencia de la época hacia la modernidad democrática mediante la construcción del Estado-nación y se la apropiaron para su ideología. Al incorporar los valores sociales a ámbitos de poder enfrentados a la sociedad, continúan, mediante la construcción de mentalidad, despojando a las santidades sociales de su esencia y tejiendo y ampliando esos ámbitos. La dinastía de la casta, el centro de dominación de la familia y los ámbitos de control de un grupo o grupos siempre han producido espacios de poder. La lucha socialista librada contra el capitalismo en los siglos XIX y XX partió con la pretensión de retirar los valores sociales del dominio del capitalismo y devolverlos a la sociedad. Sin embargo, mientras pretendía llevar el socialismo a su culminación construyendo un Estado-nación socialista basado en la clase en lugar del Estado-nación capitalista basado en la clase, la mentalidad de casta que aguardaba oculta en los ámbitos del poder y la dominación aseguró la continuidad central del Estado-nación. Un socialismo que produjo poder basado en la clase no logró revelar la modernidad de la sociología comunalista democrática.

La sociología kurda y el paradigma de la modernidad democrática revelados por la realidad del liderazgo del PKK, junto con el eje de lucha social de la acumulación de valores socialistas que ha llegado hasta nuestros días, han sido siempre la esencia invariable de la dialéctica de la vida. Desde las condiciones de su primera aparición hasta hoy, el Movimiento Apoísta de Camaradería Comunalista, como movimiento socialista democrático, ha afrontado el cambio y la transformación mediante un análisis de crítica y autocrítica, a la luz del Manifiesto por una Sociedad Democrática del Liderazgo. El proceso de sociedad democrática y la lectura y comprensión del Manifiesto por una Sociedad Democrática del Liderazgo han entrado en su segundo año. Como movimiento socialista, la construcción de la personalidad socialista ha sido el mayor legado del PKK. Y, pese a ello, construir una personalidad socialista exige lucha y continuidad. Aunque hayamos intentado explicarlo anteriormente, que la sociología humana posea una esencia socialista no significa que no pueda cambiar. Cuando una tendencia que se transforma desde la acumulación de la primera esencia existente en su opuesto se convierte en opresión y usurpación basadas en la negación, el espacio de libertad se restringe y la conducta que surge de esas condiciones crea una sociología de castas o aristocrática. Desde la contradicción entre comuna y Estado hasta nuestros días, esta sociología se recrea una y otra vez dentro de la dinámica social. Cuando contemplamos la afirmación del Liderazgo de que la sociología y el socialismo deben encontrarse ya, también puede significar comprender que el método dialéctico histórico, que se ha intentado analizar mediante la contradicción de clase, debe liberarse de la interpretación de que los opuestos han de destruirse o sustituirse necesariamente. Puesto que la comuna es la forma social de la mujer-madre, los valores formados en ella y su funcionalidad estructural sufrieron un cambio estructural mediante la esclavización y la apropiación de la mujer y de la sociedad que ella creó. La estructura asesina de castas tomó la forma del Estado y se transformó en una forma situada por encima de la sociedad. La sociedad, que era libre cuando la mujer era libre y perdió su libertad con la esclavización de esta, adquiere funcionalidad mediante la transformación estructural de los valores sociales. Puesto que los valores fundamentales del socialismo —libertad, igualdad, justicia y solidaridad social— son la dinámica básica de la transformación estructural en el cambio y la transformación social de cada época, podemos decir que la sociología es también socialismo. En nombre de la sociedad, estas dinámicas estructurales y funcionales son distorsionadas mediante discursos centrados en la libertad, el bienestar y la seguridad de la sociedad, y se ponen al servicio del ámbito de poder de la autoridad central de las estructuras aristocráticas de castas, basado en intereses políticos y económicos. La lucha contra el capitalismo vivió semejante proceso a través de la modernidad del Estado-nación. La autoridad central no desaparece únicamente mediante la contradicción de clase ni con el simple intercambio de posiciones entre clases. La dinámica social puede cerrar la distancia abierta dotando de funcionalidad sociológica a los conceptos fundamentales del socialismo.

La enorme acumulación que se desarrolla en la ciencia, en sentido positivo, aporta a la sociedad una perspectiva sobre sus conocimientos. Los saberes construidos de manera errónea desvían el eje de lucha contra la modernidad capitalista hacia los intereses del capitalismo. Aquí adquiere importancia la frase «una vida equivocada no puede vivirse correctamente». Una sociedad cuya mujer está esclavizada no puede ignorar que, después del primer error, la vida no puede vivirse correctamente en ninguna época y que jamás puede vivirse correctamente bajo la concepción liberal de la libertad del capitalismo. Mediante un gran trabajo, sacrificios y costes continuos, la historia ensombrecida de la humanidad trasladó a esta época la dinámica esencial de la sociedad. La experiencia acumulada de este legado histórico se materializó en el PKK, que ha cumplido medio siglo. La cuestión kurda, que comprimió en medio siglo su lucha contra cinco mil años de mentalidad de castas centralista, dominante y destructora de la sociedad, fue analizada en profundidad en la realidad del PKK mediante el paradigma de la modernidad democrática del Liderazgo. Durante una lucha por la libertad que continuó sin interrupción durante medio siglo, no se libró únicamente la guerra de liberación de una nación oprimida y colonizada; se combatió contra el obstáculo que se alzaba ante la libertad, en primer lugar, de la mujer, de las naciones, de los oprimidos, de las creencias, de la naturaleza y de los seres vivos que la habitan. Del mismo modo que llamar pionero, revolucionario o entregado a quien mejor conocía esto exigía una memoria, la acumulación dentro de esa memoria se desarrolló sobre la base de la continuidad, la fe y la confianza surgidas de la esencia. Nuestro Liderazgo, hijo genuino de la diosa madre, fortaleció la dinámica social mediante la construcción de la mentalidad de nación democrática de la modernidad democrática: la necesidad de la lucha socialista no puede encerrarse en un solo Estado, y el problema de la libertad no puede eliminarse multiplicándolo con otro Estado más.

Al igual que los combatientes por la libertad que se incorporaron al PKK, la sociedad de la que surgió el PKK y nuestro pueblo fueron influidos y fortalecidos por la personalidad socialista del Liderazgo y por la cultura creada por la tradición de resistencia que esa personalidad reveló. Al principio, una gran parte de nosotros no dominaba teóricamente el concepto de socialismo ni la vida que se pretendía construir en torno a él, y nuestro pueblo tampoco los dominaba demasiado. Aunque no se conociera qué era el socialismo como concepto, el pueblo y los militantes vieron y supieron en la práctica que el socialismo era la armonía entre la demanda y la actitud que observaban en el Liderazgo y en el movimiento que representaba, que les concernía directamente, así como la sencillez de la conducta y la aplicación; lo que se llamaba socialismo era, en realidad, comprender y aplicar el Liderazgo, y si tal vida había de existir, esa era la vida que debía ser. La confianza ilimitada y la gran adhesión de nuestro pueblo al Liderazgo no procedían únicamente de que este hubiera surgido de entre el pueblo; abarcaban también su aplicación ininterrumpida, continua y sin aliento, y el hacerla aplicar durante medio siglo sin cambios, de la forma en que debía vivirse la vida digna que planteó en el período inicial. Durante cincuenta años, junto al pueblo y en su seno, desde los primeros cuadros dirigentes hasta el combatiente que se incorpora hoy, la realización de lo que exige la lucha —quién es, por qué emprendió el camino, por quién lo emprendió, qué hace falta para ello, qué hará y qué debe hacer— tuvo lugar junto a nuestro pueblo y ante sus ojos. Igual que el primer cuadro dirigente de los comienzos y cada aspirante a cuadro que se incorporó después, nuestro pueblo aprende dentro de la lucha este Liderazgo y la vida socialista y la modernidad que creó, e intenta aplicarlos. Así pues, el PKK puede ser un partido, pero su realidad siempre ha sido un movimiento social de libertad, más allá de ser meramente un partido en el sentido conocido. Esto se debe a la personalidad social de la realidad del Liderazgo. El libro del Liderazgo Insistir en el socialismo es insistir en ser humano, que puede contarse entre los primeros, sabe desde la profundidad del análisis de la sociedad histórica y de la verdad social por qué hay que insistir en el socialismo y que la realidad sociológica del individuo y la sociedad puede comprenderse dentro del socialismo. Así como la realidad del Liderazgo no se formó solo mediante saberes basados en información, surgió como resultado de la realidad total del conjunto a través de la coherencia de la práctica en la forma de vida que constituye esa realidad. Incluso en la isla de İmralı, nos transmite mediante ejemplos, en todo momento y lugar, cómo debe vivirse la forma de vida del socialismo democrático que practica, vive y pretende crear. Explica que saber cómo se debe vivir, e incluso creer que uno ya lo vive, no basta por sí solo; en toda condición, tiempo y lugar, en cada tarea y responsabilidad, y sea cual sea la posición y responsabilidad que el pueblo te haya dado y confiado, y seas quien seas, la vida y la conducta socialistas no deben doblegarse ni dejar expuestos los terrenos en los que podrían hacerlo. Cada cuadro, militante y guerrillero de este movimiento social, e incluso todo el pueblo kurdo, conoce la forma de vida de la realidad del Liderazgo. No se limita a explicar cómo debe abordarse el trabajo y los valores; él mismo aplica lo necesario de la mejor manera y como corresponde, y así enseña. Sabemos que siente una gran ira contra quienes saben pero no aplican, ven pero no comprenden y no respetan porque no les conviene. Si volvemos a nuestros primeros días de incorporación y formación, mientras esta fortalecía la comprensión de la vida y el respeto por ella, se narraban y estudiaban la realidad del Liderazgo y los ejemplos de vida de los compañeros mártires de entre sus cuadros dirigentes para enseñar cómo era una personalidad socialista y cómo llegar a serlo. Si hoy seguimos tratando la realidad del Liderazgo y la de los compañeros mártires como el credo de la personalidad socialista, no debemos verlas solo como acumulación de información mediante el aprendizaje y el desarrollo, sino como un aspecto del fortalecimiento del respeto por la vida dentro de aquellos saberes que aún no se han hecho vida. Por las notas de las reuniones del Liderazgo sabemos qué libros lee, a qué hora se acuesta y se levanta, cómo pasa el tiempo, qué viste e incluso que todo lo que supera la necesidad es superfluo: desde la puntada que dio a su abrigo hasta el uso de las dos caras del pañuelo que sostenía. Partiendo de todo ello, sabemos que los ejemplos de austeridad que escuchamos de los compañeros que permanecieron con el Liderazgo en el ámbito del Liderazgo no eran simples ejemplos de austeridad; eran una enseñanza que mostraba la conciencia y la voluntad de vivir y aplicar constantemente aquello en lo que uno cree y lo que dice. Cuando yo era un combatiente nuevo, un recuerdo relatado por compañeros que habían vivido con el Liderazgo se parecía especialmente al ejemplo del abrigo que este cosió y siguió usando. Un calcetín que el Liderazgo llevaba continuamente estaba tan desgastado y remendado tantas veces que un día una compañera lo tomó y lo arrojó a la basura para que el Liderazgo dejara de usarlo. Cuando no encontró el calcetín, el Liderazgo comenzó a buscarlo, y la compañera que lo había tirado tuvo que contarle lo sucedido. El Liderazgo explicó y enseñó que, pese a todo, aquel calcetín todavía podía utilizarse, que había sido comprado con el sudor del pueblo y que esto no debía olvidarse. Este saber, aprendizaje, actitud y conducta deben determinar nuestra práctica del mismo modo que desarrollan y fortalecen el socialismo y nuestra teoría socialista.

La formación de este movimiento nunca se ha detenido ni se ha interrumpido a causa de las condiciones. Incluso durante más de diez años de guerra continua, ininterrumpida y extremadamente intensa, nunca se suspendieron los procesos formativos. De hecho, la formación militar e ideológica se desarrolló de manera más sistemática y extendida que en cualquier otro período. Cincuenta años de resistencia colmada de lucha desarrollaron una socialidad compuesta por la fuerza de miles de combatientes. A partir de una sociedad colonizada y de mujeres y hombres criados con la psicología de la opresión y sin libertad, el Liderazgo construyó una sociología socialista. A partir de una sociedad y unos individuos que no podían definir quiénes eran y habían sido dejados sin definición, construyó una mentalidad de pensamiento libre. Por nuestra propia experiencia sabemos que, al venir de una sociedad en la que no podíamos ser nosotros mismos, no es nada fácil determinar con quién y cómo construir la lucha por la libertad que librarás por ti mismo. El Liderazgo desarrolló el método educativo, la forma de vida y la forma de relación basados en conocerse a uno mismo, saber cómo vivir y saber cómo luchar con ese conocimiento. Desarrolló las actitudes y conductas —es decir, la ética, los rechazos y las aceptaciones— de la relación que estableceremos unos con otros, de la relación con el otro sexo y con la naturaleza, y del respeto por todos los valores formados en torno a esas relaciones. Como dije antes, fortalecimos y desarrollamos nuestros conocimientos al oír, ver y vivir nuestros primeros aprendizajes y al aprender de los ejemplos de lo vivido. Entonces, ¿por qué pensamos que hoy, pese a todos estos conocimientos desarrollados y toda esta experiencia acumulada, hemos retrocedido allí donde deberíamos habernos fortalecido más en la formación de individuos con voluntad y respeto? Puesto que la causa no es la falta de educación, la temporalidad que divide la vida en períodos influye mucho en el devenir de cada uno de nosotros: no se han desarrollado el lugar en el que la persona se sitúa y la asunción de responsabilidades; no se ve a sí misma como la organización, no ve la voluntad de apropiarse de la vida, no imagina la vida que desea construir y no sabe realmente cómo vive la vida que lleva. Antes aprendíamos lo que queríamos y vivíamos conforme a ello; ahora, conocer lo que queremos pero no aplicar lo que exige crea relaciones de poder centralistas en las que un estilo de relación calculador y temporal, que antepone el yo, no multiplica la voluntad. El Liderazgo dice que respetar a la mujer es socialismo. ¿Sobre qué base se desarrolló o debe desarrollarse el respeto a la mujer? Cobran importancia cómo debe construirse ese respeto y qué debe significar. Cuando se multiplican las relaciones socialistas, se multiplican la estructura y la funcionalidad; pasan más allá de los equilibrios temporales de poder y se institucionalizan. Si las relaciones libres permanecen limitadas, se consideran suficientes y no se extienden ni multiplican, el respeto a la mujer se construye dentro de una relacionalidad de poder temporal y equilibrio-emoción. Si el contenido semántico de la dignidad y el respeto se construye según el punto desde el que se mira, significa que no se ha fundado en la dinámica de la esencia existencial. Contemplar la realidad del Liderazgo y la manera en que se vive encierra ejemplos y respuestas muy importantes. Al construir lo que se pretende hacer existir, la realidad del Liderazgo amplió una multiplicación basada en la conciencia de desarrollar y extender la fuerza que se apoya en la esencia. La dignidad que se engrandece es la que se obtiene mediante la multiplicación y acumulación de fuerza. La dignidad creada descansa sobre la realidad existente que representas. Aunque la dignidad que cada mujer construye a su manera es una cosa, la dignidad que no logra desarrollar dentro de sí afecta al conjunto. La dignidad en el acercamiento a la mujer existe en la medida en que representa los valores de la vida socialista. Si esto sigue siendo débil, no asignamos los mismos significados a la igualdad, la libertad y la justicia —es decir, la conciencia—, conceptos fundamentales del socialismo, ni tampoco a los conceptos comunalistas. Los conceptos y sus métodos de aplicación no deben flexibilizarse. Por supuesto, aquí es importante no caer en el materialismo vulgar. Hacer del socialismo algo estructural y funcional exige lucha en los continuos estados de devenir de la vida.

 

Saludos revolucionarios y respetos.

Berbihiv Amed

21 de julio de 2026